Al comienzo había siete casas de Hermanas Franciscanas. Cada casa tenía sus documentos, sus costumbres, pero entre ellas no había ningún vínculo y ninguna relación…
Nosotras, Franciscanas Misioneras de Nuestra Señora nacimos en la Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo por iniciativa de Monseñor Pierre Louis Parisis, obispo de Arrás en el Norte de Francia.
“Estar allí donde nuestra presencia pueda ser un vínculo de unidad y de comunión es para nosotras una preocupación constante que nos estimula a ir por el mundo para servir,
Celebrar es hacer memoria de todo lo que el Señor hizo y hace por nosotras y por medio nuestro. Es descubrir un Dios que es Padre y Madre. Un Dios que se hizo carne y sangre, lágrimas y sonrisas, herida y huella en nuestra historia personal y familiar.
La medalla dice nuestro nombre y nuestra identidad: Franciscanas Misioneras de Nuestra Señora.
El amor Trinitario anima nuestra vida fraterna vivida en la unidad y la comunión. Ella se convierte así en la fuerza que nos sostiene en nuestra misión y es allí que encuentra su fuente y su dinamismo.
Somos mujeres consagradas que ponemos nuestros pies en las huellas de Jesucristo para seguirlo a la manera de Francisco de Asís, haciendo del Evangelio nuestra forma de vida.
Es la de la familia franciscana: vivir el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo a la manera de Francisco de Asís es la divisa de nuestra vida… Con una fuerte inspiración Trinitaria: Dios amor, comunicación, comunión y unidad, Dios Familia
El 22 de mayo de 1799, llegó al hogar de estos jóvenes esposos el regalo de una hermosa niña, que fue bautizada en la Iglesia dedicada a San Nicolás, el 25 de mayo de ese mismo año, recibiendo el nombre de Genoveva
Esta historia, esta síntesis histórica, tiene como deseo, compartirte un poco de lo mucho de historia vivida por mujeres, que un día escuchando el llamado de Dios a dejarlo todo, incluso su tierra, se pusieron en camino…






























