Esta historia tiene como deseo compartirte un poco de lo mucho de historia vivida por mujeres, que un día escuchando el llamado de Dios a dejarlo todo, incluso su tierra, se pusieron en camino…
En un comienzo fue Francisco y Clara de Asís, Isabel de Hungría, grupos de mujeres que siguiendo la Regla de Francisco se ocupaban de los más pobres entre los pobres… y después de varios siglos, la reunión de siete comunidades en una Congregación: las Franciscanas Misioneras de Nuestra Señora, marcadas por el Espíritu con el sello de la unidad y la comunión.
Francisco, loco y enamorado de Jesucristo, estaba abrasado por un amor tan grande, que quería imitarlo en todo.
Francisco iba predicando y cantando el Evangelio. A los ricos como a los pobres, les recomendaba la “santa pobreza”. Invitaba a todos al perdón, a la reconciliación, a la humildad, a la simplicidad, a la minoridad. A todos les recomendaba vivir como auténticos hijos de la Iglesia, obedientes “al Señor Papa”.
Muchos se le unieron, nobles, burgueses y campesinos que deseaban vivir con él y como él. Es así que comienza la Orden de Frailes menores.
Después es Clara y su hermana Inés de Asís, de una familia de nobles, que quieren seguir su ideal. Comienza así la segunda Orden, llamada « Damas Pobres” o Clarisas.
Hombres y mujeres con una vida familiar y profesional, también quieren comprometerse en la obra del espíritu de Francisco, es el comienzo de la Tercera Orden Seglar.
Esta Tercera Orden tiene la misma expansión que las otras dos, primero en Italia, después en Alemania, donde vivía Elizabeth de Hungría (1207-1231). Más tarde ella será la Patrona de la Tercera Orden Regular de San Francisco, de la cual nacerán numerosas comunidades religiosas.
Alrededor de Francisco, los Hermanos eran cada vez más numerosos. Él los bendijo y los envió a predicar el Evangelio. Italia les quedó pequeña, el corazón desbordante de Francisco ansiaba el mundo entero…
En una época donde la intolerancia entre las religiones era muy fuerte, Francisco decide ir a tierra de musulmanes para encontrarse con el Sultán de Egipto o para recibir el martirio. El Sultán lo recibió con admiración y lo dejó partir. De regreso a Italia, Francisco se lanza con sus hermanos por los caminos del mundo…En Marruecos cinco Hermanos son decapitados, son los primeros mártires de la Orden (1220)
Entre los países conocidos en esa época, había uno que Francisco amaba particularmente, Francia, allí estaban sus raíces: su mamá, Doña Pica era natural de Provenza. Decidió personalmente partir a Francia, pero no pudo hacerlo. Entonces, envió en su lugar, algunos de sus compañeros más queridos, entre ellos Fray Pacífico. Este llegó en 1217 a Vézelay donde fundó el primer convento franciscano de Francia, que lo llamaban « la Cordelle ».
En 1219, Fray Pacífico llegó a París y más tarde a Saint-Denis. Hacia 1223 llegó a Lens-en- Artois al norte de Francia.
Bajo el impulso de Fray Pacífico, nombrado Provincial de la Orden en Francia, los hermanos y los conventos se multiplicaron.
Había hambre entre los pobres…los enfermos … y los huérfanos muy abandonados… Los hermanos menores no le bastaban para todo. Fray Pacífico hizo venir de Italia algunas mujeres que se dedicaban a aliviar tanta necesidad de cuidado. Mezcladas en el mundo, ellas forman la Tercera Orden Seglar.
Según una tradición muy antigua, las primeras Hermanas de la Tercera Orden, llamadas Hermanas Grises, se establecieron en Saint Pol-sur-Ternoise, en el norte de Francia, hacia los años 1223-1224, antes de la muerte de San Francisco (1226).En 1430, encontramos también a las Hermanas Negras de la Tercera Orden de San Francisco llegadas de Saint Omer y establecidas en Saint Paul, donde prodigan sus cuidados a los enfermos.
De Saint Paul, algunas hermanas son enviadas a Béthune, a Arras, a Lens…Otras son enviadas al norte de Bélgica, otras a la región de Picardía. La expansión continúa del siglo XIII al siglo XVIII. Después de la guerra de los treinta años, hacia 1650, se cuenta en Flandre con 70 conventos y más de 1200 religiosas.
Más tarde, algunas de ellas siguiendo el ejemplo de Santa Elizabeth de Hungría, adoptaron una Regla de vida y comenzaron a vivir en conventos, entregándose enteramente a las obras de misericordia. Ellas formaron la Tercera Orden Regular. Llevaban generalmente el hábito de las viudas del lugar donde se instalan.
Se les daba diferentes nombres: Hermanas del Manto, Hermanas Grises, Hermanas Negras, Hermanas Blancas, Hermanas del Monasterio, Hermanas del Velo, Hermanas de San Francisco, Hermanas de Santa Catalina.
Entre esos conventos se encontraban las siete casas autónomas del Paso de Calais, que después de la Revolución, continuaban viviendo el espíritu de San Francisco de Asís y están en el origen de la Congregación de las Franciscanas Misioneras de Nuestra Señora.
Francisco de Asís, amaba mucho a Francia por la especial devoción que tenía este país a la Santísima Eucaristía y es aquí donde el jardín franciscano vio engalanarse con las más preciosas flores sembradas y cuidadas por aquellos primeros frailes, que más tarde nos regalaron un exquisito perfume de santidad…
Y fue precisamente en una ciudad del norte de Francia donde ocurrió la historia que vamos a contarte.
Boulogne-Sur-Mer es una ciudad situada al norte de Francia junto a la desembocadura del río Liane, en el paso de Calais. La ciudad antigua, de calles irregulares y estrechas, rodeada de murallas, cuya construcción data del siglo XIII y por supuesto netamente medieval. Ciudad marítima, con su característico olor a pescado, barcas y redes y un pulular de hombres que cada día ponen su mirada en el Padre que es capaz de colmar sus redes y darles el sustento…
En este lugar, vivía el matrimonio de Noel Mabille, fabricante de cerveza y María Luisa Merlin.
El 22 de mayo de 1799, llegó al hogar de estos jóvenes esposos el regalo de una hermosa niña, que fue bautizada en la Iglesia dedicada a San Nicolás, el 25 de mayo de ese mismo año, recibiendo el nombre de Genoveva.
Desde niña, Genoveva fue confiada para su educación junto con su hermana Adela, a la Señora de Brouillard. Este hecho está motivado en que la mamá tenía miedo de ver surgir en sus hijas la vocación religiosa, si ellas fueran educadas en un convento. Sin embargo, la señora María Luisa confió a su tercera hija, llamada Luisa Emilia Mónica, a las religiosas ursulinas. Sucedió que esta joven educada con las hermanas, contrajo matrimonio y las dos primeras se hicieron religiosas.
Cuando Genoveva y Adela, después de haber estado con la señora que se ocupó de su educación, regresaron a su hogar, fueron iniciadas por su madre, en las obras de caridad: prodigaban su tiempo en la atención a los enfermos, a los pobres, a los más necesitados, prestándoles los servicios que podían…
No se sabe cómo Genoveva conoció a las Hermanas Franciscanas. Posiblemente haya sido por medio de sus familiares que vivían en Calais y a quienes ella visitaba con frecuencia.
A partir del momento en que Genoveva descubrió el llamado de Jesús, se entregó con generosidad en las manos del Padre Dios, rogándole en todo momento le ayudara a ser fiel a ese llamado…
Tuvo que romper salvar muchos obstáculos, sobre todo la resistencia y oposición de su mamá…
Estos son los caminos por la que la condujo Dios: los simples, los de cada día…
Y es así que en marzo de 1824, a los 25 años, Genoveva ingresa en la Congregación de las Hermanas Franciscanas de Calais.
Toma el hábito del Pobre de Asís, el 29 de septiembre del mismo año recibiendo el nombre de Hermana Luisa. El 4 de octubre del año siguiente, 1825, fiesta de San Francisco, hace su profesión perpetua.
Conservó siempre la nota característica de sencillez, siempre generosa y dispuesta a servir a los demás.
El hospicio de Calais. Hacía ya 15 años que se encontraba en el hospicio de Calais, donde los enfermos supieron de su bondadosa dedicación, donde no escatimaba esfuerzos para aliviar sus males y reconfortarlos.
Por ese entonces la superiora de esta casa, Madre Ana, era ya de edad avanzada y sintiéndose muy cansada, pidió ser relevada. Se creyó justo atender su pedido y la elección recayó sobre la Hna. Luisa, que con su característica humildad pidió y obtuvo el permiso de no ser llamada madre, sino simplemente hermana.
En 1840 llega al Hospicio de Calais, el Padre Adolfo Duchenne, terciario franciscano, que entregaba todo su servicio a los más pobres, desprotegidos.
¡Cuántas veces se lo vio atravesar las calles de Calais llevando un niño en sus brazos, arrastrando a otros!…
Siete casas de franciscanas. En la diócesis de Arrás, existían 7 casas de franciscanas que después de la revolución francesa y a causa de la persecución habían quedado devastadas y no tenían ninguna relación entre ellas ya que eran diferentes congregaciones. El Obispo del lugar, le pide al Padre Duchenne que se ocupe de reunirlas en una sola Congregación. La Hna. Luisa acepta plenamente esta idea y juntos trabajaron para conseguir esta reunión y el 9 de febrero de 1853 se concretó.
Ahora era necesaria una guía, alguien que asumiera el liderazgo y nuevamente la elección recayó sobre la Hermana Luisa, el 30 de mayo de 1854.
Ella trabajó para crear y estrechar en la nueva Congregación, lazos de caridad, de unidad y de comunión, distintivo de esta familia, que ha sido siempre la marca de las Franciscanas Misioneras de Nuestra Señora.
Fatigas físicas, preocupaciones, y una enfermedad grave la aquejó..
Nacía el alba del 29 de abril de 1864, y con ella también despertaba aquella aurora: la del encuentro definitivo con Dios…ese día después de haber recibido los sacramentos moría Madre Luisa.
Nuestras siete comunidades de origen: Saint-Omer (fundada en 1377), Aire-sur-la-Lys (1429), Montreuil (1455) Bethune (1495), Lens (1555), Arras (1556) y Calais (1807) aceptan la unión y los nuevos reglamentos. El 9 de febrero de 1853 Monseñor Parisis reconoce oficialmente su adhesión. Todas ellas tenían en común la espiritualidad franciscana y la hospitalidad hacia los más pobres, los enfermos contagiosos, los heridos civiles y militares, los huérfanos y también la educación de los niños.
El 10 de abril de 1854 fuimos reconocidas legalmente por un Decreto Imperial bajo el nombre de “Congregación de las Religiosas Hospitalarias y Educadoras de la Tercera Orden Regular de San Francisco de Calais”.
Después de consultar a las Hermanas de todas las casas, el 30 de mayo de 1854, la Madre Luisa Mabille fue nombrada Superiora General de la nueva Congregación por Monseñor Parisis.
La Congregación fue reconocida y aprobada como Instituto Religioso de Vida Apostólica, de Derecho Pontificio 2 por Decreto Solemne del Papa Pío IX en 1873 y las Constituciones fueron aprobadas definitivamente en 1892.
¡Vayan!… Como memorial de nuestra identidad carismática, guardamos en nuestro corazón las palabras de la Madre Luisa y las queremos vivir y actualizar en todo tiempo y en todo lugar, con una fidelidad creativa:
“Seamos todas miembros de un mismo cuerpo que se ayudan y se animan. Que todas y cada una, según la medida de la gracia, trabajemos en la obra para la cual Dios nos eligió; Él estará a nuestro lado para que ninguna dificultad nos quebrante. Él nos sostendrá con su mano para que sigamos sus huellas.” (Circular 1, junio 1854)
“Dispónganse a cumplir la voluntad del Señor; para ser dignas, tengan mucho cuidado de conservar la paz entre ustedes, la concordia, el nudo indisoluble de la caridad. Escapen de la envidia […] Sean pacientes en las tribulaciones y humildes en los éxitos […] Imiten a nuestro Señor Jesucristo en la pobreza, castidad y obediencia: Él nació pobre, enseñó la pobreza y murió en el seno de la pobreza. […] (Madre Luisa, Circular 8, 16 de enero 1857)
Les ruego que tengan siempre delante de sus ojos la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, Él las fortificará y las animará poderosamente a sufrir por su gloria. (Madre Luisa, Circular 18, 16 de enero 1857)
Que la bendición de Dios Padre descienda sobre ustedes como descendió sobre los Apóstoles: que las fortalezca, las conduzca y las consuele en las tribulaciones. No tengan miedo, el Señor está con ustedes como un guerrero invencible: ¡vayan en el Nombre del Señor que las envía!” (Madre Luisa Mabille, Circular 8, 16 de enero 1857)