Celebrar es hacer memoria de todo lo que el Señor hizo y hace por nosotras y por medio nuestro.
Es descubrir un Dios que es Padre y Madre. Un Dios que se hizo carne y sangre, lágrimas y sonrisas, herida y huella en nuestra historia personal y familiar.
Un Dios presente que a lo largo de la historia camina con nosotros. Un Dios que habita nuestro corazón y nos invita a realizar el sueño que tiene por cada uno de nosotros. Un Dios que nos da fuerzas en las dificultades y que nos hace disfrutar de los encuentros fraternos.
Festejar, nos reenvía siempre a los orígenes, que renuevan nuestro deseo de vivir hoy el espíritu de familia de unidad y comunión que es la marca de la Congregación