“Que todos sean uno: como Tú, Padre, estás en Mí y Yo en Ti ,
que también ellos sean uno en Nosotros,
para que el mundo crea que Tú me enviaste”
Jn. 17,21
Nosotras, Franciscanas Misioneras de Nuestra Señora nacimos en la Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo por iniciativa de Monseñor Pierre Louis Parisis, obispo de Arrás en el Norte de Francia.
En 1851, Monseñor Parisis, encargó al P. Adolfo Duchenne, capellán de las Franciscanas del Hospicio San Pedro de Calais, reunir en una sola Congregación las diferentes comunidades franciscanas de su Diócesis que estaban debilitadas después de la Revolución Francesa, a fin de “hacer revivir por todas partes el espíritu del pobre de Asís” (Madre Francisca de San Juan, carta de enero de 1865)
El Padre Adolfo Duchenne (1813-1881) encontró una colaboradora en la persona de la Hermana Luisa Mabille (1799-1864), entonces Superiora de la Comunidad del Hospicio de Calais. Esta comunidad asumió con entusiasmo el proyecto. El deseo de pertenecer a la familia franciscana se hizo cuando, el 26 de octubre de 1852, el Padre Lorenzo d´Aoste, Provincial de los Capuchinos de Francia, firmó el Acta de Admisión a su Orden.
Nuestras 7 Comunidades de origen: Saint-Omer (fundada en 1377), Aire-sur-la Lys (1429), Montreuil (1455), Bethune (1495), Lens (1555), Arras (1556) y Calais (1807) aceptan la unión y los nuevos reglamentos. El 9 de febrero de 1853, Monseñor Parisis reconoce oficialmente su adhesión. Todas ellas tenían en común la espiritualidad franciscana y la hospitalidad hacia los más pobres, los enfermos contagiosos, los heridos civiles y militares, los enfermos, los huérfanos y también la educación de los niños.
El 10 de abril de 1854 fuimos reconocidas legalmente por un Decreto Imperial bajo el nombre de “Congregación de las Religiosas Hospitalarias y Educadoras de la Tercera Orden Regular de San Francisco de Calais”.
Después de consultar a las Hermanas de todas las casas, el 30 de mayo de 1854, Madre Luisa Mabille fue nombrada Superiora General de la nueva Congregación por Monseñor Parisis.
La Congregación fue reconocida y aprobada como Instituto religioso de vida apostólica, de Derecho Pontificio por Decreto Solemne del Papa Pío IX en 1873 y las Constituciones fueron aprobadas definitivamente el año 1892.
“Franciscanas de Calais”, tomamos, en 1965, el nombre de “Franciscanas Misioneras de Nuestra Señora”.
Nuestro carisma está anclado en la espiritualidad franciscana, fundada en la experiencia del Dios de Francisco de Asís: “Dios Trino y Uno, Señor Dios de dioses… el Bien, todo Bien, sumo Bien, Señor Vivo y Verdadero”, que se revela como Amor, en su Hijo Bien amado, Jesucristo, que se encarnó, se hizo pobre, “que no vino a ser servido sino a servir” (Mt.20,28), que vivió en medio de nosotros, “haciéndose igual a los demás” (Fil.2,7), que “pasó haciendo el bien a todos” (Hech.10,38) siendo testigo del amor de Dios Padre.
Hermanas Franciscanas Misioneras de Nuestra Señora, nuestra forma de vida y misión, “consiste en observar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, en pobreza y en castidad”, siguiendo a Jesucristo a la manera de San Francisco y siendo testigos e instrumentos de unidad y de comunión.
Nos sentimos herederas de este nuevo don que el Espíritu Santo hizo a la Iglesia y que nosotras queremos compartir.
Desde el comienzo, nuestra Congregación, pertenece a la Familia Franciscana. Seguimos la Regla y Vida de los Hermanos y Hermanas de la Tercera Orden Regular de San Francisco, según las presentes Constituciones.
El seguimiento de Jesucristo, tal como está propuesto en el Evangelio es nuestra Regla Suprema de misión y de vida. Llamadas como El, por Dios Padre y animadas por el Espíritu Santo, nos convertimos al Dios de la Alianza y nos comprometemos por un voto de Alianza de Amor, expresado por la profesión de los consejos evangélicos de obediencia, pobreza y castidad.
Vivimos en fraternidad, en simplicidad y minoridad, sin distinción de origen, nación, cultura y lengua.
Formamos una fraternidad apostólica que se siente enviada por Dios Padre para continuar y expresar la misión de Jesucristo por la acción del Espíritu Santo. Estar allí donde nuestra presencia pueda ser vínculo de unidad y de comunión es para nosotras una preocupación constante que nos estimula a ir por el mundo para servir, “hacer el bien”, ser testigos del Amor y glorificar el Nombre de nuestro Dios.
Las Franciscanas Misioneras de Nuestra Señora somos una Congregación religiosa femenina, como miembros del Pueblo de Dios, participamos en la vida y misión de la Iglesia y queremos vivir plenamente nuestro bautismo y seguir a Jesucristo a la manera de Francisco de Asís.
Por nuestra Profesión religiosa prometemos “obediencia y respeto al Papa”, estamos sumisas a los obispos en lo que concierne al bien espiritual de las personas, el ejercicio público del culto y de las obras de apostolado. Nos insertamos apostólica y vitalmente en las iglesias particulares, en comunión con sus pastores y las otras formas de vida cristiana y de ministerios.
Nuestra misión apostólica específica se define por:
a- El compromiso de establecer vínculos de paz y de reconciliación, de unidad y de comunión.
b- El servicio a los pobres, estando atentas a las necesidades más urgentes de nuestro mundo.
Desde los orígenes (1854) nuestra Congregación está bajo la protección de Nuestra Señora de los Ángeles. Como Francisco, amamos a María con un amor de preferencia. Como él, la contemplamos, “Virgen hecha Iglesia”, vínculo de unión y de comunión, presencia discreta que congrega y anima.
Contamos con su intercesión y protección.
Veneramos con un amor particular a:
San Francisco y Santa Clara de Asís, de quienes recibimos nuestra espiritualidad en el seguimiento de Jesús
Santa Isabel de Hungría, patrona de la Tercera Orden Regular, ejemplo de caridad y solidaridad con el sufrimiento de los más pobres.
Como memorial de nuestra identidad carismática, guardamos en nuestro corazón las palabras de la Madre Luisa y las queremos vivir y actualizar en todo tiempo y en todo lugar, con una fidelidad creativa:
“Seamos todas miembros de un mismo cuerpo que se ayudan y se animan. Que todas y cada una según la medida de la gracia, trabajemos en la obra para la cual Dios nos eligió. El estará a nuestro lado para que ninguna dificultad nos quebrante. Él nos sostendrá con su mano para que sigamos sus huellas” (Madre Luisa, junio 1854)
“Dispónganse a cumplir la voluntad del Señor, para ser dignas, tengan mucho cuidado de conservar la paz entre ustedes, la concordia, el nudo indisoluble de la caridad. Escapen de la envidia…Sean pacientes en las tribulaciones y humildes en los éxitos… Imiten a nuestro Señor Jesucristo en la pobreza, castidad y obediencia: Él nació pobre, enseñó la pobreza y murió en el seno de la pobreza… Les ruego que tengan siempre delante de sus ojos la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, Él las fortificará y las animará poderosamente a sufrir por su gloria”…
… Que la bendición de Dios Padre descienda sobre ustedes como descendió sobre los apóstoles: que las fortalezca, las conduzca y las consuele en las tribulaciones. No tengan miedo, el Señor está con ustedes, como un guerrero invencible: ¡vayan en el Nombre del Señor que las envía!”(Madre Luisa, 16 de enero 1857)