¿Qué podemos hacer cada cual para sanar un poco la convivencia social tan dañada entre nosotros?
La advertencia de Jesús es fácil de entender. «No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto. No se cosechan higos en las zarzas ni se vendimian racimos en los espinos». En una sociedad dañada por tantas injusticias y abusos, donde crecen las «zarzas»…
