Situarse en «Modo Sinodal»
El Concilio Vaticano II abrió nuevas esperanzas al mundo, y en esta clave se sitúa el papa Francisco cuando nos convoca al SÍNODO; la mirada está ahí puesta: «encaminarnos, no ocasionalmente sino estructuralmente, hacia una Iglesia sinodal». La Iglesia no es otra cosa que «caminar juntos» por los senderos de la historia, donde Dios sale a nuestro encuentro.
Cuando la Iglesia se reúne en asamblea, como Pueblo de Dios y con la fuerza del Espíritu, lo hace para mejor anunciar el Evangelio desde la escucha de la Palabra, la celebración de la fe, la fraternidad comunional, la corresponsabilidad y participación de todos los bautizados, en sus diferentes niveles de servicios, ministerios… realizados en los lugares, en la vida y en la misión, que tienen encomendados[1].

Como buscadores de Dios unimos nuestras fortalezas, para mejor testimoniar el dinamismo de la misión. En el camino miramos a Jesús que se proclamó «camino, verdad y vida» (cf. Jn 14,6). Los primeros discípulos de Jesús, en la Iglesia apostólica, se llamaban los «seguidores del camino». El seguimiento es una invitación a caminar juntos desde las categorías fundamentales de la escucha, la comunión y la misión. A Dios se le encuentra cuando nos ponemos en su búsqueda («Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro» [cf. Sal 26,8-9]).

La Palabra de Dios escuchada, meditada e interiorizada, nos encamina hacia el respeto, la reciprocidad y la compasión, para encontrarnos en los márgenes de los caminos y con nuestros conciudadanos, siendo testigos de un grito que despierta tantos oídos sordos.
Este tiempo sinodal es un tiempo de gracia, para mejor responder a los dones que Dios nos regala y ofrecerlos gratuitamente a los demás. Caminamos juntos en la misión, para comunicar la alegría del Evangelio, en una Iglesia «en salida», en clave sinodal; todo esto nos lleva a dialogar más y mejor, escuchar y discernir con todos los que realizamos la misión. Se refuerza la evangelización cuando aportamos nuestros dones, para que la semilla se desarrolle y dé frutos más abundantes.
Este es nuestro sueño, que vaya haciéndose realidad en la vida cotidiana.
Fray Severino Calderón. OFM
[1] Cfr. CTI (Comisión Teológica Internacional): «La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia», n. 70.
