Por una Iglesia Sinodal: Comunión, Participación y Misión

Material elaborado a partir de dos documentos:

• Documento preparatorio

• Vademécum para el Sínodo sobre la Sinodalidad

Ambos documentos los puedes obtener en la web http://secretariat.synod.va/content/synod/es.html

Su desarrollo se ha realizado en torno a los siguientes puntos:

1. Contexto histórico

2. Qué es la Sinodalidad

3. Objetivo de este Sínodo

4. Tema

5. Quiénes pueden participar

6. Fases

7. Rasgos que deben cuidarse

8. Actitudes

1.- CONTEXTO HISTÓRICO

Vivimos en un tiempo de cambios epocales y en una sociedad que se resiente de una pandemia mundial, de conflictos locales e internacionales, del impacto creciente del cambio climático, la migración, las diversas formas de injusticia, racismo, violencia, persecución y desigualdades crecientes en toda la humanidad.

En la Iglesia, el contexto también está marcado por el sufrimiento que experimentan los menores y las personas vulnerables “por el abuso sexual, el abuso de poder y el abuso de conciencia perpetrado por un número importante de clérigos y consagrados” Dicho todo esto, nos encontramos en un momento crucial en la vida de la Iglesia y del mundo.

En medio de este contexto, la sinodalidad representa el camino por el cual la Iglesia puede ser renovada por la acción del Espíritu Santo, escuchando juntos lo que Dios tiene que decir a su pueblo.

2.- ¿QUÉ ES LA SINODALIDAD? Necesidad e importancia

Con la convocación de este Sínodo, el Papa Francisco invita a toda la Iglesia a reflexionar sobre untema decisivo para su vida y misión: “Es precisamente este camino de sinodalidad el que Dios espera de

la Iglesia del tercer milenio”.

Tras la estela de la renovación de la Iglesia propuesta por el Concilio Vaticano II, este camino común es tanto un don como una tarea. Al reflexionar juntos sobre el camino recorrido hasta ahora, los diversos miembros de la Iglesia podrán aprender de las experiencias y perspectivas de los demás, guiados por el Espíritu Santo (PD, 1). Iluminados por la Palabra de Dios y unidos en la oración, seremos capaces de discernir los procesos para buscar la voluntad de Dios y seguir los caminos a los que Dios nos llama: hacia una comunión más profunda, una participación más plena y una mayor apertura para cumplir nuestra misión en el mundo.

“Sínodo” es una palabra antigua y venerable en la Tradición de la Iglesia. Indica el camino por el que el Pueblo de Dios camina unido. La Iglesia reconoce que la sinodalidad es parte integrante de su propia naturaleza.

El proceso sinodal es ante todo un proceso espiritual. No es un ejercicio mecánico de recopilación de datos o una serie de reuniones y debates. La escucha sinodal está orientada a discernimiento. Requiere que aprendamos y ejercitemos el arte del discernimiento personal y comunitario. Nos escuchamos unos a otros, a nuestra tradición de fe y a los signos de los tiempos para discernir lo que Dios nos está diciendo a todos.

El discernimiento implica reflexión y compromete tanto el corazón como la cabeza en la toma de decisiones en nuestras vidas concretas para buscar y encontrar la voluntad de Dios.

Si escuchar es el método del Proceso sinodal y discernir es el objetivo, entonces la participación es el camino

3.- OBJETIVO DE ESTE SÍNODO

Si bien los sínodos recientes han examinado temas como la nueva evangelización, la familia, los jóvenes y la Amazonía, el presente Sínodo se centra en el tema de la sinodalidad en sí.

El actual Proceso sinodal que estamos emprendiendo se guía por una pregunta fundamental: ¿Cómo se lleva a cabo hoy este “caminar juntos” en los diferentes niveles (desde el nivel local al universal), permitiendo a la Iglesia anunciar el Evangelio? Y ¿qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer como Iglesia sinodal? (PD, 2)

El objetivo del Sínodo actual es escuchar y lo hacemos escuchando juntos la Palabra de Dios en la Escritura y la Tradición viva de la Iglesia, y luego escuchándonos unos a otros, y especialmente a los marginados, discerniendo los signos de los tiempos. De hecho, todo el proceso sinodal tiene como objetivo una EXPERIENCIA VIVIDA de discernimiento, participación y corresponsabilidad.

En este sentido, está claro que el propósito de este Sínodo no es producir más documentos. Más bien, su objetivo es inspirar a las personas a soñar con la Iglesia que estamos llamados a ser, hacer florecer las esperanzas de las personas, estimular la confianza, vendar heridas, tejer relaciones nuevas y más profundas, aprender unos de otros, construir puentes. , para iluminar mentes, calentar corazones y restaurar la fuerza en nuestras manos para nuestra misión común (PD, 32). Así, el objetivo de este Proceso sinodal no es sólo una serie de ejercicios que se inician y se detienen, sino un camino de crecimiento auténtico hacia la comunión y misión que Dios llama a la Iglesia a vivir en el tercer milenio.

4.- TEMA DE ESTE SÍNODO

El tema es “Por una Iglesia sinodal: Comunión, Participación y Misión”. Este tiene tres dimensiones, comunión, participación, y misión. Estas tres dimensiones están profundamente interrelacionadas. Son los pilares vitales de una Iglesia sinodal. No hay jerarquía entre ellos. Más bien, cada uno enriquece y orienta a los otros dos.

Esto implica un proceso de aprender juntos humildemente cómo Dios nos llama a ser como Iglesia en el tercer milenio. Es un proceso de escucha que debe ocurrir en un entorno espiritual que apoye la apertura tanto para compartir como para escuchar. El camino de escucha mutua puede ser una auténtica experiencia de discernimiento de la voz del Espíritu Santo.

En abril de 2021, el Papa Francisco inició un camino sinodal de todo el Pueblo de Dios, que comenzará en octubre de 2021 en cada Iglesia local y culminará en octubre de 2023 en la Asamblea del Sínodo de los Obispos.

5.- QUIÉNES PUEDEN PARTICIPAR

El objetivo de esta fase diocesana es consultar al Pueblo de Dios para que el Proceso sinodal se lleve a cabo a través de la escucha todos los bautizados.

Se debe tener especial cuidado para involucrar a las personas que pueden correr el riesgo de ser excluidas: mujeres, discapacitados, refugiados, migrantes, ancianos, personas que viven en la pobreza, católicos que raramente o nunca practican su fe, etc.

También deben buscarse medios creativos con el fin de involucrar a niños y jóvenes.

Al mismo tiempo, para participar plenamente en el acto de discernir, es importante que los bautizados escuchen las voces de otras personas en su contexto local, incluidas personas que han abandonado la práctica de la fe, personas de otras tradiciones religiosas, personas sin creencias religiosas, etc.

Es importante centrarse en máxima inclusión y participación, llegar para involucrar al mayor número posible de personas, y especialmente aquellos en la periferia que a menudo son excluidos y olvidados.

6.- FASES DE ESTE SÍNODO

6.1.- FASE DIOCESANA

La primera fase del Proceso sinodal es una fase de escucha en las Iglesias locales. Tras una celebración de apertura en Roma el sábado 9 de octubre de 2021, la fase diocesana del Sínodo comenzó el domingo 17 de octubre de 2021.

Se pide a las iglesias locales que proporcionen sus respuestas a su conferencia episcopal para permitir la agregación de ideas antes de la fecha límite de abril de 2022.

El objetivo no es abrumar a las diócesis y parroquias, sino más bien integrar el Proceso sinodal en la vida de la Iglesia local con formas creativas que promuevan una comunión más profunda, una participación más plena y una misión más fructífera.

En esta fase de escucha, animamos a las personas a que se reúnan, respondan juntas a preguntas / imágenes / escenarios de estímulo, se escuchen entre sí y proporcionen comentarios, ideas, reacciones y sugerencias individuales y grupales.

Este Sínodo no solo espera respuestas que puedan ayudar a la Asamblea del Sínodo de los Obispos que se celebrará en Roma en octubre de 2023, sino que también desea promover y desarrollar la práctica y la experiencia de ser sinodal en el transcurso del proceso y avanzando hacia el futuro.

6.2.- FASE de LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES y los sínodos de las iglesias orientales

Una vez que la fase diocesana haya culminado con una reunión presinodal diocesana y una síntesis diocesana, las conferencias episcopales y los sínodos de las iglesias orientales recopilarán los aportes y comentarios que hayan recibido de las diócesis y eparquías para formular síntesis que recojan adecuadamente las contribuciones.

Estas síntesis servirán como base para la primera edición del Instrumentum Laboris, que será publicado por la Secretaría General del Sínodo de los Obispos.

6.3.- FASE CONTINENTAL

Este documento inicial Instrumentum Laboris será el “documento de trabajo” de las siete reuniones continentales: África (SECAM); Oceanía (FCBCO); Asia (FABC); Medio Oriente (CPCO); América Latina (CELAM); Europa (CCEE) y América del Norte (USCCB y CCCB).

Estos siete encuentros internacionales producirán a su vez siete Documentos finales que servirá de base para el segundo Instrumentum Laboris, que se utilizará en la Asamblea del Sínodo de los Obispos en octubre de 2023.

6.4.- ASAMBLEA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS

Los obispos y auditores se reunirán con el Santo Padre el Papa Francisco en la Asamblea del Sínodo de los Obispos en Roma en octubre de 2023 para hablar y escucharse unos a otros sobre la base del Proceso sinodal que comenzó a nivel local.

El objetivo del Sínodo de los Obispos no es eclipsar la conferencia/sínodo diocesano, episcopal de las Iglesias orientales y las fases continentales, sino más bien discernir a nivel universal la voz del Espíritu Santo que ha estado hablando en toda la Iglesia.

6.5.- FASE DE IMPLEMENTACIÓN

Dado que este Sínodo tiene como objetivo promover un nuevo estilo de vivir la comunión, la participación y la misión de la Iglesia, la fase de implementación será crucial para caminar juntos en el camino de la sinodalidad.

Esta implementación está destinada a llegar a todas las Iglesias locales del mundo, para que el Proceso sinodal tenga como punto de partida y de llegada a todo el Pueblo de Dios (CE, 7).

7.- RASGOS QUE DEBEN CUIDARSE EN EL PROCESO SINODAL

Nuestro objetivo es estar atentos a cómo habla el Espíritu a través del Pueblo de Dios. Y para ello necesitamos:

Discernimiento a través de la escucha, para crear un espacio para la guía del Espíritu Santo.

Accesibilidad, con el fin de garantizar que puedan participar tantas personas como sea posible, independientemente de la ubicación, el idioma, la educación, el estado socioeconómico, la capacidad/discapacidad y los recursos materiales.

– Conciencia cultural para celebrar y abrazar la diversidad dentro de las comunidades locales.

– Inclusión, haciendo todo lo posible para involucrar a quienes se sienten excluidos o marginados.

– Camaradería basado en el modelo de Iglesia corresponsable.

– El respeto por los derechos, la dignidad y la opinión de cada participante.

– Síntesis precisas que realmente captura la gama de perspectivas críticas y apreciativas de todas las respuestas, incluidas las opiniones expresadas solo por una minoría de participantes.

– Transparencia. Asegurar que los procesos de invitación, participación, inclusión y agregación de aportes sean claros y estén bien comunicados.

– Justicia. Asegurar que la participación en el proceso de escucha trate a todas las personas por igual, para que todas las voces puedan ser debidamente escuchadas.

8.- ACTITUDES PARA PARTICIPAR EN EL PROCESO SINODAL

En varias ocasiones, el Papa Francisco ha compartido su visión de cómo se ve la práctica de la sinodalidad concretamente. Las siguientes son actitudes particulares que permiten una escucha y un diálogo genuinos mientras participamos en el Proceso sinodal.

Ser sinodal requiere tiempo para compartir: Estamos invitados a hablar con auténtico coraje y honestidad (parresia) para integrar libertad, verdad, y caridad. Todos pueden crecer en comprensión a través del diálogo.

La humildad al escuchar debe corresponder al coraje al hablar: Todos tienen derecho a ser escuchados, al igual que todos tienen derecho a hablar. El diálogo sinodal depende de la valentía tanto para hablar como para escuchar. No se trata de entablar un debate para convencer a otros. Más bien, es acoger lo que otros dicen como una forma en que el Espíritu Santo puede hablar por el bien de todos (1 Corintios 12: 7).

El diálogo nos lleva a la novedad: Debemos estar dispuestos a cambiar nuestras opiniones basándonos en lo que hemos escuchado de los demás.

La apertura a la conversión y al cambio: A menudo podemos resistirnos a lo que el Espíritu Santo está tratando de inspirarnos a emprender. Estamos llamados a abandonar las actitudes de complacencia y comodidad que nos llevan a tomar decisiones basándose únicamente en cómo se han hecho las cosas en el pasado.

Los sínodos son un ejercicio eclesial de discernimiento: El discernimiento se basa en la convicción de que Dios está obrando en el mundo y estamos llamados a escuchar lo que el Espíritu nos sugiere.

Somos signos de una Iglesia que escucha y camina: Al escuchar, la Iglesia sigue el ejemplo de Dios mismo, que escucha el grito de su pueblo. El Proceso sinodal nos brinda la oportunidad de abrirnos a escuchar de manera auténtica, sin recurrir a respuestas prefabricadas o juicios pre-formulados.

Deja atrás prejuicios y estereotipos: Podemos sentirnos abrumados por nuestras debilidades y pecaminosidad. El primer paso para escuchar es liberar nuestra mente y nuestro corazón de los prejuicios y estereotipos que nos llevan por el camino equivocado, hacia la ignorancia y la división.

Supera el flagelo del clericalismo: La Iglesia es el Cuerpo de Cristo lleno de diferentes carismas en los que cada miembro tiene un papel único que desempeñar. Todos somos interdependientes unos de otros y todos compartimos la misma dignidad en medio del santo Pueblo de Dios. A imagen de Cristo, el verdadero poder es el servicio. La sinodalidad llama a los pastores a escuchar con atención al rebaño confiado a su cuidado, así como llama a los laicos a expresar libre y honestamente sus puntos de vista. Todos nos escuchamos por amor, en espíritu de comunión y de misión común. Así, el poder del Espíritu Santo se manifiesta de múltiples formas en y a través de todo el Pueblo de Dios.

Cura el virus de la autosuficiencia: Todos estamos en el mismo barco. Juntos formamos el Cuerpo de Cristo. Dejando de lado el espejismo de la autosuficiencia, podemos aprender unos de otros, caminar juntos y estar al servicio de los demás. Podemos construir puentes más allá de los muros que a veces amenazan con separarnos: edad, género, riqueza, capacidad, educación, etc.

Superando ideologías: Debemos evitar el riesgo de dar mayor importancia a las ideas que a la realidad de la vida de fe que las personas viven de manera concreta.

Da lugar a la esperanza: Hacer lo que es correcto y verdadero no busca llamar la atención o aparecer en los titulares, sino que busca ser fiel a Dios y servir a su pueblo. Estamos llamados a ser faros de esperanza, no profetas de fatalidad.

⤳ Los sínodos son un momento para soñar y «pasar tiempo con el futuro»: Se nos anima a crear un proceso local que inspire a las personas, sin excluir a nadie, para crear una visión del futuro llena de la alegría del Evangelio.

Las siguientes disposiciones ayudarán a los participantes (cf. Christus Vivit):

Una perspectiva innovadora: Desarrollar nuevos enfoques, con creatividad y una cierta audacia.

Ser inclusivo: Una Iglesia participativa y corresponsable, capaz de apreciando su propia rica variedad, abarca todos aquellos que a menudo olvidamos o ignoramos.

Una mente abierta: Evitemos las etiquetas ideológicas y hagamos uso de todas las metodologías que han dado sus frutos.

Escuchando a todos y cada uno: Aprendiendo unos de otros, podemos reflejar mejor la maravillosa realidad multifacética que la Iglesia de Cristo debe ser.

Comprensión de «viajar juntos»: Caminar por el camino que Dios llama a la Iglesia a emprender el tercer milenio.

Entender el concepto de Iglesia corresponsable: Valorar el papel y la vocación únicos de cada miembro del Cuerpo de Cristo, para la renovación y edificación de toda la Iglesia.

Llegar a través del diálogo ecuménico e interreligioso: Soñar juntos y caminar unos con otros a lo largo de toda la familia humana.

Cuidar estas actitudes supone también EVITAR UNA SERIE DE TRAMPAS:

1) La tentación de querer guiarnos a nosotros mismos en lugar de ser guiados por Dios. La sinodalidad no es un ejercicio estratégico empresarial. Más bien es un proceso espiritual dirigido por el Espíritu Santo. Podemos sentirnos tentados a olvidar que somos peregrinos y servidores del camino que Dios nos ha marcado. Nuestros humildes esfuerzos de organización y coordinación están al servicio de Dios que nos guía en nuestro camino. Somos barro en las manos del Alfarero divino (Isaías 64: 8).

2) La tentación de concentrarnos en nosotros mismos y en nuestras preocupaciones inmediatas. El Proceso sinodal es una oportunidad para abrirnos, mirar a nuestro alrededor, ver las cosas desde otros puntos de vista, y avanzar en el acercamiento misionero a las periferias. Esto nos obliga a pensar a largo plazo. Esto también significa ampliar nuestras perspectivas a las dimensiones de toda la Iglesia y hacer preguntas como: ¿Cuál es el plan de Dios para la Iglesia aquí y ahora? ¿Cómo podemos implementar el sueño de Dios para la Iglesia a nivel local?

3) La tentación de ver solo «problemas». Los desafíos, las dificultades y las dificultades que enfrenta nuestro mundo y nuestra Iglesia son muchos. Sin embargo, fijarnos en los problemas solo nos llevará a sentirnos abrumados, desanimados y cínicos. Podemos perder la luz si nos enfocamos solo en la oscuridad. En lugar de centrarse solo en lo que no va bien, apreciemos dónde el Espíritu Santo está generando vida y veamos cómo podemos dejar que Dios trabaje más plenamente.

4) La tentación de enfocarse solo en estructuras. El Proceso sinodal, naturalmente, exigirá una renovación de las estructuras en los distintos niveles de la Iglesia, a fin de fomentar una comunión más profunda, una participación más plena y una misión más fructífera. Al mismo tiempo, la experiencia de la sinodalidad no debe centrarse ante todo en las estructuras, sino en la experiencia de caminar juntos para discernir el camino a seguir, inspirado por el Espíritu Santo. La conversión y renovación de estructuras se producirá únicamente mediante la conversión y renovación continua de todos los miembros del Cuerpo de Cristo.

5) La tentación de no mirar más allá de los confines visibles de la Iglesia. Al expresar el Evangelio en nuestra vida, los laicos y laicos actúan como levadura en el mundo en el que vivimos y trabajamos. Un proceso sinodal es un momento para dialogar con personas del mundo de la economía y la ciencia, la política y la cultura, las artes y el deporte, los medios de comunicación y las iniciativas sociales. Será un momento para reflexionar sobre la ecología y la paz, los problemas de la vida y la migración. Debemos tener el panorama más amplio a la vista para cumplir nuestra misión en el mundo. También es una oportunidad para profundizar el viaje ecuménico con otras denominaciones cristianas y para profundizar nuestro entendimiento con otras tradiciones religiosas.

6) La tentación de perder el foco de los objetivos del Proceso sinodal. A medida que avanzamos en el camino del Sínodo, debemos tener cuidado de que, si bien nuestras discusiones pueden ser de amplio alcance, el Proceso sinodal mantiene el objetivo de discernir cómo Dios nos llama a caminar juntos hacia adelante. Ningún proceso sinodal resolverá todas nuestras preocupaciones y problemas. La sinodalidad es una actitud y un enfoque de avance corresponsable y abierto a acoger juntos los frutos de Dios a lo largo del tiempo.

7) La tentación del conflicto y división. “Para que todos sean uno” (Juan 17:21). Esta es la oración ardiente de Jesús al Padre, pidiendo la unidad entre sus discípulos. El Espíritu Santo nos lleva a una comunión más profunda con Dios y con los demás. Las semillas de la división no dan fruto. Es en vano intentar imponer las propias ideas a todo el Cuerpo mediante la presión o desacreditar a quienes se sienten de otra manera.

8) La tentación de tratar el Sínodo como una especie de parlamento. Estoconfunde la sinodalidad con una ‘batallapolítica’ en la que para gobernar un bandodebe derrotar al otro. Es contrario alespíritu de sinodalidad antagonizar aotros o alentar conflictos divisorios queamenacen la unidad y comunión de laIglesia.

9) La tentación de escuchar solo a aquellos que ya están involucrados en las actividades de la Iglesia. Este enfoque puede ser más fácil de manejar, pero en última instancia ignora una proporción significativa del Pueblo de Dios.

Extracto del material propuesto por nuestro Papa Francisco, y alentado por el Obispo D. Manuel Herrero de la diócesis de Palencia (España).

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