Carta del Papa León XIV a los Ministros Generales de la Conferencia de la Familia Franciscana con motivo de la apertura del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís

Asís, 10 de enero de 2026

El sábado 10 de enero de 2026, con motivo de la ceremonia oficial de apertura del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís, la Asamblea de la Familia Franciscana recibió un cálido y fraterno saludo del Papa León XIV.

En su mensaje, el Pontífice quiso expresar su unidad espiritual con todos los frailes, hermanas y todos los participantes en los actos conmemorativos, destacando cómo la paz, don divino y no fruto exclusivo de la capacidad humana, es la clave de la vida cristiana y la reconciliación universal.
El Papa recordó que San Francisco, con su saludo «Que el Señor te conceda la paz», y con su vida llena de fe, esperanza y caridad activa, sigue hablando hoy, invitando a todos a ser artífices de paz, abiertos a Dios, a la humanidad y a la creación. El ejemplo del santo, inerme y amigo de todas las criaturas, sigue siendo una guía valiosa para afrontar las divisiones y los desafíos de nuestro tiempo.
En esta ocasión, el Pontífice también anunció el Decreto de Indulgencia Plenaria, ya publicado, que invita a los fieles a vivir momentos de reflexión, oración y reconciliación en este Año de Gracia, siguiendo el legado espiritual del Poverello de Asís .

A los Ministros Generales
de la Conferencia de la Familia Franciscana

«Nuestra hermana muerte», exclamaba san Francisco el 3 de octubre de 1226 en la Porciúncula, mientras iba a su encuentro como un hombre finalmente pacificado. Han pasado ocho siglos desde la muerte del Poverello de Asís, que escribió con letras incisivas la palabra de salvación de Cristo en los corazones de los seres humanos de su tiempo.

Al recordar la significativa recurrencia del VIII Centenario de su Tránsito, deseo unirme espiritualmente a toda la Familia Franciscana y a quienes participarán en las manifestaciones conmemorativas, con el deseo de que el mensaje de paz encuentre un profundo eco en la actualidad de la Iglesia y de la sociedad.

Al comienzo de su vida evangélica, había escuchado una llamada: «El Señor me reveló que dijéramos este saludo: “El Señor les dé la paz”» [1]. Con estas palabras esenciales, transmite a sus hermanos y a todos los creyentes el asombro interior que el Evangelio había traído a su existencia: la paz es la suma de todos los bienes de Dios, un don que desciende de lo alto. ¡Qué ilusión sería pensar en construirla solo con las fuerzas humanas! Y, sin embargo, es un don activo, que hay que acoger y vivir cada día [2].

Es el mismo saludo que el Señor resucitado dirige a sus discípulos, asustados y encerrados en el cenáculo, la noche de Pascua: «La paz sea con ustedes» [3]. No es una fórmula de cortesía, sino el anuncio seguro de la victoria de Cristo sobre la muerte. Como la voz de los ángeles en la noche de Navidad: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que Él ama» [4] —, así la paz que anuncia el Padre Seráfico es la que Cristo mismo hizo resonar entre el cielo y la tierra.

En esta época, marcada por tantas guerras que parecen interminables, por divisiones internas y sociales que crean desconfianza y miedo, él sigue hablando. No porque ofrezca soluciones técnicas, sino porque su vida indica la fuente auténtica de la paz.

La visión franciscana de la paz no se limita a las relaciones entre los seres humanos, sino que abarca toda la creación. Francisco, que llama «hermano» al sol y «hermana» a la luna, que reconoce en cada criatura un reflejo de la belleza divina, nos recuerda que la paz debe extenderse a toda la familia de la Creación. Esta intuición resuena con especial urgencia en nuestro tiempo, cuando la casa común está amenazada y gime bajo la explotación. La paz con Dios, la paz entre los seres humanos y con la Creación son dimensiones inseparables de una única llamada a la reconciliación universal.

Queridos hermanos, que el ejemplo y la herencia espiritual de este santo, fuerte en la fe, firme en la esperanza y ardiente en la caridad activa hacia el prójimo, suscite en todos ustedes la importancia de confiar en el Señor, de dedicarse a una existencia fiel al Evangelio, de aceptar e iluminar con la fe y la oración cada circunstancia y acción de la vida.

En este Año de Gracia, deseo entregarles una oración para que san Francisco de Asís continúe infundiendo en nosotros la perfecta alegría y la concordia:

San Francisco, hermano nuestro, tú que hace ochocientos años
fuiste al encuentro de la hermana muerte como un hombre reconciliado,
intercede por nosotros ante el Señor.

Tú, que en el Crucifijo de San Damián reconociste la paz verdadera,
enséñanos a buscar en Él la fuente de toda reconciliación
que derriba todo muro.

Tú, que desarmado atravesaste las líneas de la guerra
y de la incomprensión,
concédenos el coraje de construir puentes
allí donde el mundo levanta fronteras.

En este tiempo afligido por conflictos y divisiones,
intercede para que lleguemos a ser artesanos de paz:
testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo.
Amén.

Con estos sentimientos, expreso mis fervientes votos de bien, especialmente para todos ustedes que siguen el carisma del Poverello de Asís y para todos aquellos que recordarán de diversas maneras la conmemoración del dies natalis, mientras les envío de corazón la deseada Bendición Apostólica.

Desde el Vaticano, 7 de enero de 2026

LEÓN PP. XIV

__________________________________

[1] Testamento 23.

[2] Cf. Papa León XIV, Discurso al Cuerpo Diplomático, 16 de mayo de 2025.

[3] Jn 20,19.

[4] Lc 2,14.

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