Vigorosos movimientos de restauración

Durante cientos y cientos de años, la humanidad se trasladaba caminando, por huellas polvorientas, con calzado precario y escasez de agua durante el camino. Por eso, el tema del polvo se convirtió en una cultura de rituales y significados: De la higiene, el ritual de quitarse el polvo, pasó a tener connotaciones culturales y psicoespirituales. Por ejemplo, todo viajero que había visitado tierras extrañas, antes de entrar a la propia ciudad, realizaba un exhaustivo trabajo de sacudirse el polvo de la ropa y el cuerpo, particularmente de los pies, para dejar fuera lo foráneo y no contaminar lo vernáculo.

En el evangelio de hoy, Jesús envía a los discípulos a curar, bendecir y anunciar la buena noticia, dándoles una serie de recomendaciones prácticas y sabias para abordar la misión. Todas son recomendaciones importantes, pero propongo focalizar la mirada en la última de todas: ¿Qué hacer si la misión no es bien recibida?: “Y si en algún lugar no los reciben ni los escuchan, al marcharse sacúdanse el polvo de los pies…”

Sabemos por propia experiencia que, cuando se ofrece honesta y confiadamente algo propio y es rechazo, no apreciado o ignorado, nos provoca un dolor que deja importantes secuelas. Es el caso de los artistas incomprendidos por el público masivo, sobre todo cuando se trata de arte mayor, puesto que los artistas casi siempre se anticipan a los tiempos, y les toca empujar arduamente la historia hacia nuevas sensibilidades para redescubrir la vida; es el caso de aquellos que les toca la triste experiencia de hacer solos el viaje, viviendo un amor no correspondido. Es el caso de los cesantes que día tras día ofrecen sus servicios y al otro lado nadie se interesa en recibirlos. Es el caso de los que ofrecen su amistad y no son retribuidos. Todas estas situaciones tienen en común el dolor, la indefensión, el sentimiento de ser desconfirmados, no apreciados o desvalorizados. Y fácilmente estos penosos sentimientos nos pueden deprimir, robar la esperanza, volver desconfiados o resentidos, todo lo cual ensucia el alma.

La palabra sacudir viene del latín y significa agitar vigorosamente algo para eliminar lo que lo ensucia. Simbólicamente, sacudirse el polvo de los pies es separar lo propio de lo ajeno, cuidar el territorio autóctono y dejar que los otros se hagan cargo del suyo; reconocer las propias decisiones, opciones y búsquedas, distinguiéndolas de las decisiones, opciones y búsquedas de los otros, cuidar los propios objetivos para no tener metas “otrodependientes”. Esto tiene validez personal, pero también grupal, institucional y social.

Cuando lo que ofrecemos es rehusado, nos sentimos heridos, a veces hondamente. Entonces comienza el lento proceso de sanar, proceso que toma su tiempo, porque, como nos recordó Shakespeare: “¿Qué herida se curó sino poco a poco?”

Sin embargo, para que nuestras heridas curen bien es necesario acoger la sabía recomendación de Jesús: tomarse el tiempo para realizar esos vigorosos movimientos de restauración, que limpian el alma y hacen posible seguir habitando genuinamente nuestra ciudad natal.

Ana María Díaz, Ñuñoa, 06 de julio 2025

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