Un coro para tiempos nuevos

La traducción más acertada de Adviento debería ser “viniendo”, un verbo no un sustantivo, porque expresa mejor nuestra experiencia de percibir que el mensaje de Jesús de Vida en Abundancia, es una promesa de plenitud, y a la vez, un regalo del presente, cuyos signos podemos percibir claramente, si ponemos atención. Lejos de la primera plana, del debate público y la farándula de diverso tipo, hay millones de personas e iniciativas dedicadas a mejorar el mundo en los más diversos campos.

Adviento es el tiempo oportuno para detener la mirada en estos poderosos brotes de abundancia de vida, tales como la gente que practica en su vida cotidiana una comunicación humanizadora, con un diálogo humilde, confiado, sincero, capaz de sanarnos de la prepotencia, manipulación y suspicacia que nos rodea; tales como quienes viven con profunda compasión, sintiendo que allí donde hay alguien que sufre, tiene dificultades o necesita algo, hay que hacerse presente; como esa gente a quien le puedes confiar tu corazón, porque siempre empatiza, comprende y consuela, llena de amorosidad; como las personas que se dedican con pasión a preservar las especies en peligro de extinción, ya sean animales salvajes o domésticas gallinas criollas.

También celebramos el surgimiento de una nueva espiritualidad que se abre paso en distinto lugares: horizontal, encarnada, inmanente, en comunión con el Dios de lo natural, de lo vivo, de lo histórico, del presente de la comunidad humana, con opción por un cambio social sustentable, con acento en la conciliación; una espiritualidad que difunde un pensamiento no lineal, que valora la incertidumbre, lo complejo, la ética planetaria y las experiencias incluyentes y universales de vida espiritual; una espiritualidad con un profundo sentido de unidad eco-bio-psico-socio-cultural-ético-cósmico-espiritual para entender la vida.

En este tiempo de Adviento, volvemos a fijar la atención en la figura de Juan Bautista, quien vivía tiempos tan dramáticos como los nuestros, y en lugar de resignarse, salió al desierto, a hacer una proclama capaz de empujar la llegada de tiempos de esperanza. Él era descendiente de una casta sacerdotal, mediadora entre Dios y su pueblo, y sabía muy bien lo decisivo que era el desierto para ser atrapados por el misterio de lo fundamental. Su mensaje era muy simple: predicaba un bautismo de conversión, con el cual convocaba a un cambio de vida. Con su voz y su estilo de vida exhortaba a su pueblo a abandonar el camino de las abdicaciones que empobrecen lo que somos; a volver a sumergirse en las amnióticas aguas de la vida y emerger como miembros de una comunidad de espera activa. Una comunidad que cree, anticipa y proclama el advenimiento de un tiempo nuevo.

A esto estamos invitados todos y todas, a escuchar a Juan Bautista y hacernos parte de una comunidad de anticipación. A los escépticos, conviene recordarles que la Física reconoce el fenómeno de la masa crítica, un índice diferente en los distintos elementos, que consiste en establecer cuál es la cantidad mínima suficiente de materia que es necesario entre en estado de fusión, para provocar una reacción nuclear en cadena. Así también, la Sociología, llama de igual modo a la cantidad mínima de personas necesarias para que un cambio determinado tenga lugar. La masa crítica hace que el proceso adquiera una dinámica irreversible.

Lo que hacía Juan Bautista era invitar a ser parte de una fuerza para empujar tiempos mejores. Convocaba una masa crítica, una comunidad de sueños, de anticipación y esperanza, suficiente como para provocar el estallido de una reacción en cadena para el advenimiento de la Abundancia de la Vida.

Todas y todos estamos invitados a sumar nuestra voz al coro de Juan Bautista en el desierto, para seguir clamando por tiempos nuevos.

¡Amén!

Ana María Díaz, Ñuñoa, 10 diciembre 2023

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