María, modelo para Francisco de Asís
Para Francisco, María fue su modelo indiscutible para llegar al Padre. Tal vez debiéramos mirarlo desde la pobreza de María en dos momentos fundamentales:
Primer Momento: La Anunciación (Disposición de María desde su pobreza para recibir la Palabra).
Segundo Momento: Aceptación del designio de Dios.

La Anunciación:
Y María dijo sí porque había lugar para Él en su morada. El Verbo se hizo carne en el seno de la Virgen y la vida divina comenzó a manifestarse de una manera del todo particular en el mundo.
María, en su pequeñez de servidora, creyó en la Palabra del Señor y se entregó a ella con disponibilidad de pobre ¡Felices los que tienen el corazón pobre, porque de ellos es el reino de los cielos! No es tan fácil tener el corazón pobre. El corazón pobre es un corazón simple y sencillo, pacífico y sereno, que no divide ni rechaza, no condena ni destruye, porque no “retiene” nada para sí, porque ejercita constantemente el desapego. Es un corazón que ama en profundidad y en universalidad.
No es pobre quien se siente superior, seguro y fuerte, como tampoco lo es el que está orgulloso de su pobreza y hace ostensible manifestación de ella. La pobreza es esencialmente servicio y amor, desprendimiento y libertad, serenidad y gozo, que engendra finalmente la felicidad verdadera. De allí que la alegría vaya siempre unida a la pobreza. Los verdaderamente pobres son alegres, ya que la pobreza no siembra resentimientos, no engendra amarguras, no provoca violencias; tampoco constituye un estado definitivo, es sólo la condición para que el Reino de Dios se introduzca en nosotros y nos haga partícipes de los bienes invisibles. Podríamos también decir que la libertad es un “signo” de la pobreza o de la vida pobre. Porque el que nada se apropia no es poseído por nada ni por nadie.
Un hombre verdaderamente pobre siente necesidad de rezar y de dialogar, tiene necesidad del otro y, sobre todo, de Dios por eso reza, por eso calla, por eso consulta, por eso obedece, por eso se entrega, por eso sirve, por eso desaparece, por eso muere…
Así fue María, la “pobre”, aquella que experimentó la alegría de la salvación. Hay en María una pobreza que se traduce en una total dependencia de Dios; parte de la conciencia clara de su radical pequeñez de servidora. Porque no entiende nada pregunta: ¿Cómo será esto posible si yo no conozco varón? ¿Hijo, porqué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo angustiados te andábamos buscando… María en su pobreza tampoco entiende la respuesta, pero su actitud se traduce en aceptación y fidelidad: el verdaderamente pobre busca a Dios, el todopoderoso, lo contempla y ama, se goza en él y se entrega radicalmente: “Yo soy la servidora del Señor hágase en mí según su Palabra”.

Aceptación del designio de Dios:
Primero fue aquello del edicto promulgado por el augusto emperador de Roma: que todo hombre jefe de casa y de familia, debía concurrir a su ciudad de origen para empadronarse; después, apenas de poco andar, la negativa rotunda: ¡No hay lugar en la posada…! María, empieza a comprender desde ahora que ni tu ni tu Hijo tendrá siempre cabida en el corazón de los hombres.
Considera de una vez que vas entrando en la noche del desierto y que es en esta travesía en donde se templa el espíritu ante la inconmensurabilidad de los designios del Padre. Has dicho que sí, empieza, entonces a guardar todas estas cosas en tu corazón; mañana alboreará el gran día, para ti y para toda la humanidad, entonces entenderás. Pero se hace de noche ahora y debes realizar tu travesía, para que la trayectoria de la vida del hombre, asociada a la tuya, tenga su sentido y alcance y no desfallezca.
Hoy nos gusta tanto hablar sobre el sentido de la vida y de la autorrealización, pero de sobra sabemos que las diversas realizaciones que se nos proponen llegan, en cierta manera a decepcionarnos. Auténtica realización y sentido de la vida pueden existir solo desde una actitud de aceptación radical, aceptación que nada tiene que ver con la resignación, una aceptación activa de todo lo que “es”, de lo que la Vida nos va presentando, aceptación ante el Dios que se manifiesta constantemente de maneras insospechadas, aceptación ante la incomprensibilidad de su misterio, esto es la auténtica, la única, la total realización de uno mismo.
Ahora, sumergida en la noche del desierto, como en un intento de síntesis anticipada del desenlace definitivo y doloroso del Gólgota, desde la angostura de tu caminar fatigado, nos devuelves, sin embrago, la única verdad de la vida del hombre, la estructura principal de nuestra existencia.
De esta manera, aleccionados por vos, madre y maestra, solo sabemos que hay un Dios misterioso e incomprensible, aceptado y creído como vida y sentido de la propia vida.
En este abismo de misterio que encierra la noche del hombre, y que es la tuya, nos incorporamos al abismo del misterio que es Dios y en él nos sumergimos…
La Virgen María, humilde sierva del Señor, siempre atenta a su palabra y a todas sus mociones, fue para Francisco experiencia de un amor sin medida, fuerte y tierno a la vez, y por esto la declara Protectora y Abogada de su familia.
Extracto de la Lección 5 del CURSO ABREVIADO DE CARISMA MISIONERO FRANCISCANO
