La impresión de las llagas de nuestro Hermano Francisco de Asís

Una de esas veces, cuando tenía ya cuarenta y un años, estaba solo con su más fiel compañero, Fray León, en un lugar llamado Monte Alvernia. En ese lugar, su oración fue tan profunda, estaba tan unido a Jesucristo, que vio una enorme luz descendiendo del cielo. Cuando llegó más cerca, percibió que era un serafín, es decir, un ángel con seis alas, despidiendo fuego. Más cerca, todavía, vio que el serafín era el mismo Jesús Crucificado. Fue en esa ocasión que recibió los mismos signos de la pasión de Jesús: quedó con las llagas marcadas en el pecho, en las manos y en los pies.

Cuando todavía estaba en el Monte Alvernia, poco después de haber recibido la visita de Jesús Crucificado que lo transformó por fin en un hombre con las mismas llagas de Cristo, Francisco pidió a Fray León, su compañero, que le trajese algo para escribir.
En aquel tiempo todavía no existía el papel, y Fray León trajo un pedazo de pergamino, que era un cuero de cabra preparado para escribir en él.

Francisco había notado que su amigo León andaba muy preocupado y quiso consolarlo. Escribió de un lado del cuero una bellísima oración, llamada «Alabanzas al Dios Altísimo», en la que fue manifestando todo el amor que él había experimentado de manera tan fuerte allí en el Monte Alvernia.

Del otro lado del cuero, escribió una bendición para Fray León. Las palabras estaban tomadas de la Biblia:
«El Señor te bendiga y te guarde: te muestre su rostro y tenga misericordia de ti. Vuelva a ti su rostro y te dé la paz. El Señor te bendiga, Fray León».

Abajo de esa bendición, Francisco dibujó la cabeza de Fray León e hizo una Tau atravesando el nombre y la cabeza del amigo. La Tau tiene la forma de una T, pero es una de las formas de representar la cruz. A Francisco le gustaba dibujar la Tau en todas partes, como una señal de Cristo crucificado. Es que él sabía que la Biblia habla varias veces de personas marcadas con una señal de Dios y que el profeta Ezequiel dice que esa señal era la Tau. Francisco había quedado muy impresionado cuando oyó un sermón del papa Inocencio III, en 1215, hablando del profeta Ezequiel y diciendo que los cristianos debían salir por el mundo marcando a la gente con la señal de Cristo.

La señal de Dios es un signo de bendición, y la bendición es un deseo bueno que se hace a alguna persona, pidiendo que Dios la ayude. Francisco siempre fue una bendición viva para todos, y sus frailes siguieron el ejemplo. Por eso, hasta hoy, la Tau es la señal de los seguidores de Francisco.

Una vez, Francisco también escribió una cartita a Fray León, en la que decía que podía buscarlo siempre que pensara que podía ayudarlo. Fray León guardó esos dos pedazos de pergamino o cuero de cabra, durante toda su vida. Muchos milagros fueron hechos con el uso de esas dos reliquias. Todavía hoy, se pueden ver en Italia, muy bien guardados, esos escritos de Francisco. Es lo único quedó con su letra.

Fray José Carlos Correa Pedroso

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