Espiritualidad de la Sinodalidad

“La sinodalidad es un camino de discernimiento en común, a la escucha del Espíritu. Es una llamada a la conversión personal, comunitaria y eclesial. También es un camino de conversión espiritual y pastoral.

Por ello, la sinodalidad supone y exige actitudes espirituales para su puesta en práctica, que podría resumirse en una espiritualidad del «nosotros eclesial» que tiene como objetivo la construcción de un pueblo, una comunidad eclesial fraterna y misionera al servicio del bien común de la sociedad.”

                                                                                                                        Hna. Nathalie Becquart

Espiritualidad Misionera de la Iglesia:

1. De entrada, como elemento central de comprensión y de vivencia de la espiritualidad cristiana, es necesario saber y sentir que “la vida cristiana es una búsqueda continua y por eso requiere un permanente caminar” (cf. Vademecum, pág. 1).

La sinodalidad ha sido la experiencia de la Iglesia desde su nacimiento que desde entonces sigue su caminada; es la caminada del Pueblo de Dios. El papa Francisco “está llamando a la Iglesia a redescubrir su naturaleza profundamente sinodal” (Ibid. pág. 5). La Iglesia del tercer milenio es convocada a reaprender con humildad ese camino de “Comunión, Participación y Misión” que ha vivido durante los últimos dos milenios.

2. El camino de la sinodalidad es la espiritualidad misionera de la Iglesia que se caracteriza por la escucha permanente que conduce al discernimiento y por eso la “participación es el camino”.

3. En esta caminada la Iglesia tiene como punto de referencia primordial “a quienes sufren, a las personas y pueblos pobres, a emigrantes, refugiados, a quienes están en el abismo de la marginación al que gran parte de la humanidad ha sido avocada por sistemas y poderes inhumanos, impulsores de una ‘economía de la exclusión y la inequidad’” (papa Francisco). Esto nos lleva a la escucha de otras espiritualidades, reconociendo en ellas lo que hay de “verdadero y santo”.

4. La celebración comunitaria de nuestra fe cristiana en la Eucaristía y toda la sacramentalidad de la Iglesia adquiere aquí su máxima expresión: una Iglesia que vive la comunión, en participación continua en el ejercicio de su misión celebra y se alimenta de la Palabra de Dios y del Pan de la Vida, Jesucristo, el Hijo de Dios vivo.

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