El mediodía de la eternidad

El interés que tenemos por comprender la realidad, por profundizar en el modo en que la vida se despliega en diferentes ámbitos, nos lleva a leer, asistir a cursos y conferencias, mirar programas, conversar con gente, y muchas otras cosas. Sin embargo, hay cuestiones cuya comprensión se nos escapa durante mucho tiempo, hasta que un buen día, muchas cosas que parecían dispersas, encajan por fin, nuestro horizonte de comprensión se despeja, y adquirimos esa lucidez que hemos estado buscado.

Eso parece que le sucede a la protagonista del evangelio de hoy (Jn 4, 5-42) , hecho que la convirtió en una de las mujeres más conocidas de la historia, aunque no sabemos su nombre. Sin embargo, la tradición piadosa del cristianismo de oriente, tiene un relato de cómo continuó su vida, y la conoce como Santa Fotina, que quiere decir iluminada.

Hablamos de la mujer que se encontró con Jesús al borde del pozo de Sicar en Samaria. Es mediodía y ella se acerca solitaria a sacar agua. Este solo hecho es una formidable revelación sobre esta mujer. Las mujeres van en grupo a sacar agua y lo hacer al atardecer, cuando el sol ha bajado y el agua está fresca. Si ella va sola, y a una hora en que no va nadie más, es porque vive clandestinamente a plena luz del día. Nadie quiere tratos con ella, porque su moral se considera cuestionable.

Conocemos bien la historia, la samaritana es una persona existencialmente insatisfecha, que ha buscado por caminos torcidos y se ha extraviado, pero ha aceptado las consecuencias de sus errores, sin haber perdido su talante auto afirmativo. Basta ver cómo se apresuró a discutir con Jesús acerca de su petición de agua, acerca de quiénes eran ellos dos y sobre el tipo de agua de la que estaban hablando. Se habla del agua del pozo, del agua corriente, que era más sana, pero muy escasa en la zona, a la que se referían como “agua viva”, por eso la confusión inicial, y del agua como símbolo de la gracia, que es de la que Jesús habla. Fue un diálogo complejo, pero comprensible y justificado. Es algo que ocurre cuando lo natural se encuentra con lo sobrenatural, lo relativo se encuentra con lo absoluto y lo finito se encuentra con lo eterno. Tampoco era fácil de superar la tensión que suponía el que los interlocutores fueran una mujer y un hombre; un judío y una samaritana; una pecadora conocida y un profeta; una persona necesitada de salvación y el Mesías de la promesa.

Este es un encuentro que se produce al mediodía, y se desarrolla como una solemne liturgia que hace posible el encuentro cara a cara con Dios. El mediodía es el momento de la plenitud de la luz; señala el punto sagrado en que se detiene el ciclo del tiempo y, por un instante, es pura luz, luego de lo cual se rompe ese frágil equilibrio y la luz oscile hacia su declinación; marca una inmovilidad en el curso de la luz, única coyuntura en que se produce una ausencia completa de sombras, lo cual es la más maravillosa imagen de la eternidad de la misericordia. ¡Amén!

Ana María Díaz, Ñuñoa, 12 de marzo de 2023

 

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