El espíritu de Asís
Lo que llamamos espíritu de Asís se sitúa lejos de la ingenuidad tanto como de la ficción.
No creo que el mundo esté hoy más desquiciado que en tiempos de Francisco de Asís; no creo que a Francisco se le pueda considerar un ingenuo o un soñador. Su pobreza y su alegría no fueron una evasión de la realidad: fueron un antídoto para sus males.

Supongo que será legítimo ver en el espíritu de Asís un proyecto religioso, un proyecto humanístico, un proyecto espiritual, un proyecto ecuménico, un ejercicio de convivencia pacífica, un aprendizaje de respeto mutuo y de confiada colaboración. Yo prefiero verlo como proyecto evangélico: proyecto de servicio, pues Dios en Cristo a todos ha querido servir; proyecto de abrazo, pues Dios en Cristo a todos ha querido abrazar; proyecto de don, pues Dios en. Cristo a todos ha querido darse.
Supongo que será legítimo, seguramente razonable, ver en Francisco de Asís a un iluso o un ingenuo, a un poeta o a un soñador. Yo prefiero verlo como a un hombre con visión de futuro, como a un profeta, como a un portador de palabras llenas de verdad.
Supongo que será legítimo ver en el espíritu de Asís el halo misterioso de la utopía. Yo prefiero ver allí la interpelación perentoria de una misión recibida de Dios.

Al mundo en que vivimos no le falta dinero sino justicia, solidaridad, amor. Para el mundo en que vivo no pido más Bancos, sino la pobreza, humildad y alegría de Francisco de Asís. Los leprosos con quienes me cruzo en el camino no necesitan más cajeros automáticos, sino mi cariño, mi cercanía, mi comprensión, mi familiaridad, mi alegría, mis manos, mi corazón.
El futuro no está en las mayorías parlamentarias sino en el corazón de los hombres. El futuro no está en la Bolsa sino en la conciencia. El futuro no está en la convivencia pacífica sino en la paz, de la que siempre seremos humildes buscadores, tozudos amadores, sufridos y tenaces constructores: “peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz”.

Nada se te dará hecho. La paz, como la verdad, no la hallarás fuera de ti. Y tú nunca serás sino un peregrino en el camino que lleva a la verdad y a la paz.
Mientras peregrinas, ellas ya te mueven, te atraen, te guían, ellas son ya el ama de llaves de tu corazón. Mientras las buscas, ellas ya te han encontrado, ya viven contigo.
Fray Santiago Agrelo
