Con María hacia la Asamblea Sinodal
La Secretaría General del Sínodo ha invitado a los Sínodos de las Iglesias Orientales Católicas, a las Conferencias Episcopales y a los Santuarios marianos a celebrar un momento de oración el miércoles 31 de mayo de 2023, memoria litúrgica de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María y final del mes mariano, para confiar a María, Madre de la Iglesia, los trabajos de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.
Entre las indicaciones proporcionadas por la Secretaría General del Sínodo figura que el momento de oración se celebre:
- en un santuario mariano de particular importancia nacional,
- o en varios santuarios marianos elegidos por su representatividad,
- o en todos los santuarios marianos presentes en el territorio.
La realización del momento de oración se confía a cada Conferencia Episcopal, la cual se encargará de informar a los Ordinarios diocesanos y a los Santuarios de su circunscripción eclesiástica.
Las comunidades parroquiales individuales, de acuerdo con su obispo diocesano, también están invitadas a celebrar ese día un momento de oración por los trabajos del Sínodo.
Se está elaborando una sección específica en synodresources.org (https://www.synodresources.org/31may2023/) con material útil para la preparación y realización del momento de oración.
Quienes deseen compartir material pueden enviarlo a media@synod.va. Dicho material se publicará en synodresources.org.

María, la madre de Dios, está siempre con nosotros en el camino sinodal, porque es también ‘Madre de la Iglesia’ ( Mater Ecclesiae ); madre de todos los que son compañeros y discípulos de su hijo.
Siempre que nos sintamos perdidos, confundidos o dudosos sobre el camino, sólo tenemos que mirarla para que nos indique el camino. María no habla. Ella no necesita hacerlo. Solo necesita dirigir nuestra mirada a su hijo. En su gesto sin palabras, resume toda la misión de la Iglesia. Incluso cuando el Pueblo de Dios está ‘ in via ‘ —en camino— siempre está en misión. Los dos no pueden separarse, porque no hay más que un camino y un objeto de nuestro deseo, una fuente de nuestra vida y nuestra esperanza: Jesucristo.
(Hacia una espiritualidad para la sinodalidad, p.45)
