Trabajar la mies

Los días recién pasado, a propósito de la visita del Papa a España, se celebró en Madrid el encuentro «Tejer Redes», un evento que reunió a S.S. León XIV con más de 12 mil personas del mundo del arte, la academia, la cultura, los deportes y la sociedad civil, como es una práctica habitual en los viajes apostólicos del pontífice. En los encuentros centrados en la sociedad civil o la cultura, el formato estándar incluye intervenciones de personalidades laicas antes del discurso central del Papa con el objetivo de escucharse mutuamente, reflexionar juntos y entablar un diálogo.

Entre otras figuras el actor Antonio Banderas reflexionó en voz alta sobre el papel del arte en la fe y de la fe en el arte. En un discurso apasionado y convocante recordó: “El arte ha sido -y debe seguir siendo- el espejo que refleja vidas que pasan de largo ante el prójimo herido. Es también la denuncia de credos vacíos que olvidaron el amor. Es la voz de alerta para sociedades que se acostumbraron a la injusticia. El arte debe ser una alternativa a la violencia. Todas las violencias. Así como lo hizo el propio Cristo, el artista debe actuar con valentía y no abandonar el ser instancia critica a la sociedad, al propio arte, y a la propia religión”.

En el evangelio de este domingo, volvimos a contemplar a Jesús quien, viendo a la muchedumbre, se compadece de esos hombres y mujeres que se ven extenuados y abandonados, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos, la recordada frase: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Recordemos que se llama mies a los campos de cereales, generalmente trigo o cebada, que ya han madurado, tienen sus espigas listas para ser cosechadas. Entonces Jesús utiliza este símbolo para decir que hay mucha gente ansiosa de escuchar un mensaje espiritual, pero no lo reciben, porque no hay quien se los acerque y se produzca una cosecha fecunda. Esta reflexión de Jesús y esta recomendación de orar por más trabajadores en la mies, escuchada desde nuestra realidad actual, nos permite descubrir que no solo se trata del número de trabajadores sino también de la necesaria conciencia crítica para trabajar la mies hoy. Porque tal como nos lo recordaba Antonio Banderas, “así como lo hizo el propio Cristo, el artista, y el pastor, podemos agregar, debe actuar con valentía y no abandonar el ser instancia critica a la sociedad, al propio arte, y a la propia religión”.

Los actuales trabajadores de la mies y todos los discípulos de Jesús, necesitamos reflexionar con rigor acerca de los cambios profundos que necesitamos como Iglesia, No se trata solo de un asunto de la jerarquía. Es un asunto que atraviesa la Iglesia desde la cúspide hasta el último católico. Todos necesitamos reflexionar que no habrá cambio alguno si no hacemos espacio a una nueva epistemología, que renueve el encuentro con la revelación y la tradición sagrada; a una nueva antropología, que renueve la concepción de las encarnaciones de lo humano; a una nueva exégesis que renueve la comprensión de qué es lo sagrado de la Palabra; a una nueva teología moral que hable más de la fuerza de la gracia y de la necesidad radical de redención en lugar de imperativos morales; a una nueva forma de entender el gobierno y la organización eclesial que le dé espacio a una comunión incluyente y universal. Todo ello, para que el diálogo entre el misterio y la experiencia humana deje de ser una abstracción intemporal, fija y dogmática, y “la fe resulte intelectualmente significativa y culturalmente vivible y practicable”, como propone el teólogo Andrés Torres Queiruga.

Todos y todas estamos invitados a ser parte de los trabajadores de la mies con que soñaba Jesús, para que nuestro culto a Dios implique una poetización la existencia humana, y poder reconocer en ella las huellas divinas que han quedado en el barro; para que las intuiciones del alma acerca de la verdad sean tan importantes como las conceptualizaciones racionales en las que tanto confiamos; para que nuestra práctica creyente reedite cotidianamente el sueño de Dios de que la humanidad sea una sola familia. ¡Amén!

Ana María Díaz, Ñuñoa, 14 de junio del 2026

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