Pasos para vivir la Sinodalidad

Deseo presentar algunos pasos para poder avanzar y llegar a la meta, no sólo en abril o mayo, sino una meta que no debe tener fecha de caducidad, sino marcar un estilo, una forma de ser y de vivir como cristianos, miembros de la Iglesia, en sus diversas expresiones como diócesis, parroquias, comunidades, grupos, congregaciones, movimientos, cofradías, servicios. Las tomo de Salvador Pie-Ninot, La sinodalidad como caminar juntos en la Iglesia. (Colección Emaús. del CPL. Barcelona, 2021, 46-49), glosados un poco.

1. Conocerse y reconocerse como hermanos, si es posible, por el nombre, conocer las circunstancias personales, etc. No quedarnos en “su cara me suena; sólo de vista”. Conocer con quién contamos, quién se queda fuera, al margen, para invitarle, respetando su libertad siempre.

2. Escuchar. Debe ser el primer paso, un paso que exige la mente y el corazón abiertos, sin prejuicios; escuchar a todos, mayores, jóvenes, niños, mujeres, las minorías, los descartados y excluidos. Escuchar también el contexto social y cultural en el que vivimos.

3. Tomar la palabra. Todos podemos hablar con valentía, integrando libertad, verdad y amor, buscando una comunicación no meramente formal, para quedar bien o porque hay que decir algo, sino cordial. Ver también cómo funciona nuestra relación con los medios de comunicación social, con todos los posibles, no únicamente con los católicos.

4. Celebrar. Caminar juntos es posible si, además de escuchamos unos a otros, escuchamos juntos la Palabra de Dios y celebramos la Eucaristía y otras celebraciones. Tenemos que tomar parte en ellas, no sólo asistir pasivamente, sino activamente. Estas celebraciones pueden y deben tener su prolongación en ágapes fraternos donde se puede compartir los frutos de la tierra y del trabajo de los hombres y la palabra.

5. Corresponsables en la misión. La sinodalidad, el ser comunidad cristiana no es algo que termine en nosotros, sino que está al servicio de la misión para hacer presente el Reino de Dios, la Buena Nueva de Jesús. Tenemos que apoyarnos y apoyar a aquellos miembros de la comunidad que están comprometidos en un servicio a la sociedad, social y políticamente considerada, o en la enseñanza, en la cultura, en la promoción de la justicia, en la promoción de la dignidad y derechos humanos y en el cuidado de la casa común, es decir, de la naturaleza y la creación.

6. Dialogar en la Iglesia y en la sociedad. Tenemos que repensar los lugares y las modalidades del diálogo en nuestra diócesis, en las parroquias y comunidades de ida consagrada, en las zonas, colaborar con las en las iglesias vecinas, con los movimientos, antiguos y nuevos, con las instituciones, con otros creyentes, con los no creyentes, con los pobres y marginados. Tenemos que saber cómo afrontar las divergencias, los conflictos y dificultades. Tenemos que ver qué podemos aprender del mundo de la política, de la economía, de la cultura, de los pobres…

7. Dialogar con otras confesiones cristianas, si es posible. Nos une un Bautismo, un mismo Señor. Tenemos que reforzar nuestras relaciones, caminar juntos, sabiendo que no todo el monte es orégano, que hay dificultades.

8. La autoridad y la participación. La Iglesia sinodal tiene que ser una Iglesia participativa y corresponsable. La autoridad, en sus diversas modalidades, comenzando por el obispo y siguiendo por los presbíteros, diáconos, y otros responsables, tienen que ser servidores de todos, ni dueños ni señores. Y tenemos que examinar cómo funciona y los diversos organismos que canalizan la corresponsabilidad -consejo pastoral, presbiteral, parroquial, zonal, etc.-, analizando su eficacia.

9. Discernir y decidir. Un paso en el camino sinodal es discernir y decidir sobre la base del consenso que nace de la común apertura y obediencia al Espíritu. Hay que ver qué sistema usamos para los consensos, qué método usamos para la consulta en fase deliberativa en la toma de decisiones y mirar si se puede mejorar y todo dentro de una decisión de transparencia y responsabilidad.

10. Formarse en la sinodalidad. Tenemos que ir formándonos poco a poco. Estamos poco acostumbrados, pero es preciso que comencemos a caminar juntos; lo necesitamos todos, pero particularmente quienes tienen papeles de responsabilidad.

Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

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