La Regla, fuentes franciscanas
Nuestro Seráfico padre, San Francisco de Asís, tenía gran estima por la Regla porque sabía que ella conduce también a la santidad y a la felicidad. Justo antes de morir, en su Testamento, dice: «… ésta es una recordación, amonestación, exhortación y mi testamento que yo, hermano Francisco, pequeñuelo, os hago a vosotros, mis hermanos benditos, por esto, para que guardemos más católicamente la Regla que hemos prometido al Señor. (…) Y todo el que guarde estas cosas, en el cielo sea colmado de la bendición del altísimo Padre y en la tierra sea colmado de la bendición de su amado Hijo con el santísimo Espíritu Paráclito y con todas las virtudes de los cielos y con todos los santos. Y yo, hermano Francisco, pequeñuelo, vuestro siervo, os confirmo, todo cuanto puedo, por dentro y por fuera, esta santísima bendición.» (Test 34-41).

Textos sobre las fuentes franciscanas que muestran la importancia de la Regla para la primera generación de frailes.
Francisco tenía ardentísimo celo de la profesión común de una vida y de la Regla y distinguió con especial bendición a los celadores de ella (15). Así es que decía a los suyos que la Regla es el libro de la vida, esperanza de salvación, médula del Evangelio, camino de perfección, llave del paraíso, pacto de alianza eterna. Quería que la tuvieran todos, que la supieran todos (1 R 24,1) y que en todas partes la confirieran con el hombre interior para razonamiento ante el tedio y recordatorio del juramento prestado. Enseñó que había que tenerla presente a todas horas, como despertador de la conducta que se ha de observar, y -lo que es más- que se debería morir con ella.
Un hermano laico (a quien -creemos- hay que venerarlo entre los mártires) que grabó en sí esta enseñanza, ha logrado la palma de una victoria gloriosa. En efecto, al conducirle los sarracenos al martirio, levantando en alto la Regla entre las manos, las rodillas humildemente dobladas, dijo al compañero: «Hermano carísimo, me acuso, ante los ojos de la Majestad y ante ti, de todas las faltas que he cometido contra esta santa Regla». A esta breve confesión siguió el golpe de espada, que puso fin a la vida con el martirio, realzado luego con prodigios y milagros. Había entrado en la Orden siendo aún tan joven, que apenas podía con el ayuno reglamentario; pero con ser tan tierno, llevaba, sin embargo, un cilicio sobre la carne. ¡Feliz muchacho, que comenzó felizmente y acabo más felizmente!
( 2 Cel El recuerdo del deseo de un alma , de Tomás de Celano capítulo 158, núm.208)
«Este es el lugar en que San Francisco -siguiendo la inspiración divina (21)- dio comienzo a la Orden de Hermanos Menores. Por designio de la divina Providencia, que guiaba en todo al siervo de Cristo, antes de fundar la Orden y entregarse a la predicación del Evangelio, reconstruyó materialmente tres iglesias, procediendo de este modo no sólo para ascender, en orden progresivo, de las cosas sensibles a las inteligibles, y de las menores a las mayores, sino también para manifestar misteriosamente al exterior, mediante obras perceptibles, lo que había de realizar en el futuro. Pues al modo de las tres iglesias restauradas bajo la guía del santo varón, así sería renovada la Iglesia de triple manera, según la forma, regla y doctrina de Cristo dadas por el mismo Santo, y triunfarían las tres milicias (22) de los llamados a la salvación tal como hoy día vemos que se ha cumplido.”
[LM] La Leyenda Mayor de San Francisco , de San Buenaventura de Bagnoregio, Capítulo 2, núm. 8
«Primero está el ejemplo que debemos imitar, el cual, si no podemos imitarlo perfectamente, debemos reverenciar. Porque ¿quién podría seguir plenamente las huellas del bienaventurado Francisco y de sus compañeros que lo asistieron? Por eso, ni siquiera él impuso el mismo tipo de rigurosa pobreza y perfección que él mismo observaba. En cambio, fue instruido por un oráculo divino para establecer una regla más perfecta que, sin embargo, podría ser observada por todos en todo momento. Al observarlo, nunca se aparta de la disciplina de nuestro santo padre, aunque algunas costumbres fluctúan con el cambio de clima. Por otro lado, el examen cuidadoso de la perfección de los santos posee el poder de incitar a la virtud y de dirigir nuestro comportamiento con su luz».
Libro de las alabanzas de san Francisco, de Bernardo de Besse, Introducción n.7, en Francisco de Asís. Primeros Documentos. El Profeta, pág. 32
“El bienaventurado Francisco, perfecto celador de la observancia del santo Evangelio, vigilaba ardentísimamente por la común profesión de nuestra Regla, que no es sino la observancia perfecta del Evangelio. A los que son y serán verdaderos celantes de la misma, los bendijo con bendición especial.
Decía a sus imitadores que esta profesión nuestra [la Regla] es libro de la vida, esperanza de salvación, arra de la gloria, medula del Evangelio, camino de la cruz, estado de perfección, llave del paraíso y pacto de eterna alianza. Quería que todos los hermanos la tuvieran y que todos la supieran (1 R 24,4); quería también que los hermanos en los coloquios, para quitar el tedio, hablasen de ella con frecuencia y que, para recordar el juramento emitido, reflexionaran acerca de ella muchas veces en su interior.
Enseñó también que debían llevarla siempre ante los ojos, como aviso y despertador de la vida que tenían que llevar y de la observancia regular a que estaban obligados; y lo que es más todavía, quiso y enseñó que los hermanos debían morir con ella.”
[EP] Espejo de perfección, n. 76 en Francisco de Asís. Primeros Documentos. El Profeta, p.323.
La inviolabilidad de la Ley Divina y de la Regla
«La historia del enfrentamiento en el Capítulo de Urgencia ( AC 18) trata, pues, de la naturaleza misma de la Regla franciscana tal como fue escrita por Francisco y sus primeros hermanos; la perícopa que aquí se examina (AC 17) comparte un contexto similar y preocupaciones sobre los deseos de la Curia de que Francisco y sus hermanos redacten de nuevo esa misma Regla para estar en conformidad más estricta con las normas jurídicas de las comunidades religiosas establecidas por la Iglesia. Y, en ambos casos, las dos historias se refieren a la obediencia requerida de todos los hermanos para aceptar y observar la Regla aprobada por la fraternidad.
Esta perspectiva se dibuja en la parte final de nuestra historia (AC 17) durante el coloquio entre Francisco y Cristo -en presencia de los ministros- sobre la naturaleza divina de la Regla. De hecho, la formulación específica de este intercambio es importante y las palabras de Cristo son críticas. Porque se cuenta que Cristo dijo: «Francisco, nada tuyo está en la Regla; todo lo que hay es todo Mío. Y quiero que la Regla se observe así: al pie de la letra, al pie de la letra, al pie de la letra, y sin glosa, sin glosa, sin glosa” (AC 17, p. 1496 [ FAED 2, p. 132] ).
Sin embargo, estas palabras, tan familiares para aquellos versados en los textos franciscanos, son, de hecho, una referencia a una declaración similar sobre la Ley hecha en el Libro del Deuteronomio del Antiguo Testamento. Hay dos ecos en nuestra historia de ese libro. En Deuteronomio 4,1-2, leemos: «Y ahora, oh Israel, escucha los mandamientos y juicios que te estoy enseñando para que, poniéndolos en práctica, vivas…
No añadirás a la palabra que te hablo. ; ni le quitarás nada. Guarda los mandamientos del Señor tu Dios que yo te ordeno» ( Dt 4,1-2 ). Y en Deuteronomio 12,32: «Lo que yo te mando, sólo eso debes hacer; ni añadas nada, ni le quites nada.»
Así, el famoso estribillo en la historia de la impugnación de la redacción de la Regla bulada – ad litteram, ad litteram, ad litteram, sine glossa, sine glossa, sine glossa – está, de hecho, extraído del Libro de Deuteronomio reforzando el paralelo entre la Ley del Antiguo Testamento, la Ley Nueva del Evangelio del Nuevo Testamento y la Regla de los Frailes Menores. Debe observarse tal como ha sido establecido. Pero hay más en estas resonancias.»
Michael Cusato, OFM, “ La ‘regla perdida’ de 1223: Francisco, Elías y los ministros”, Regula Fraților Minori, opt veacuri de istorie, spiritualitate și provocări. Actele Simpozionului Internațional, Roma, 30 de septiembre – 1 de octubre de 2022
