El Universo

Estoy sentada en los escalones que conducen al ingreso de la Capilla, por el jardín de mi escuela. Mi espalda descansa en la puerta. Mis piernas extendidas. Mis brazos abiertos. Mis ojos cerrados. Los dedos de mis pies y de mis manos bailan al ritmo del Cántico a las Criaturas. Son las 13.50.

Tengo 11 años. Estoy contenta de haber ingresado a este Colegio. Por primera vez a nadie le importó que mi mamá fuera soltera. Deben ser buenas estas monjas. Pero tengo algo de miedo. La maestra dijo que tengo que estudiar para exponer en la clase especial, no puedo leer la investigación. En la otra escuela no exigían tanto. Pero me gusta acá.

Frente a los escalones hay un caminito zigzagueante de lajas en tonos amarronados, las mismas lajas cubren las paredes de la Capilla. El caminito lleva a la galería de pisos blancos, donde la magia del jardín se transforma en trajinar escolar. Estoy del lado de la magia. ¿Hoy hará tortas fritas la abuela? ¿Me dejarán ver la novela de la noche? ¿Podrán comprarme un grabador para mi cumple? Loado seas, mi Señor, por el Hermano Sol. Y por el futuro.

Son las 02.30.

Tengo 18 años. Mamá murió. La soledad y la incertidumbre cacheteó mis sueños. Las Hermanas me permiten vivir en lo que fue, en otra época, el dormitorio de las pupilas. Hoy me encomendaron lavar muchos atados de acelga. Esa tarea me daba mi abuela. Me gusta hacerlo. A ambos lados del caminito zigagueante, el jardín eternamente impecable. Respiro aroma verde, me acaricia un aire lila, me acompañan flores dulces. Frente a mí, parte del edificio escolar, desde la galería del primer piso este jardín parece el universo con sus misterios y verdades. Estoy sentada en el universo. ¿Existen más universos? ¿Estará mamá en la estrella roja, a la derecha y hacia debajo de Las tres Marías? ¿Dios me estará escuchando? ¿Qué haré con mi vida? Loado seas, mi Señor, por las Hermanas Estrellas. Y por el pasado.

Son las 16.45.

Tengo 31 años. Mi hija está en salita de 3. Su risa, sus juegos, sus rulitos calmaron mis ansiedades y tormentos. Hoy está vestida de paisana, es fiesta patria, comieron pastelitos, y ella eligió el más grande. ¡Que sean grandes los sueños que elija concretar!

Tras la puerta que me sostiene está la Capilla, lugar joven y brillante, inspirador y protector. Yo estoy segura, porque la puerta se abrirá si lo necesito. Y las Hermanas estarán, si las llamo. Pero, ahora, estoy en el jardín de la infancia de mi niña pequeña. ¿Cuáles serán sus alegrías? ¿Cómo será el mundo de su adultez? ¿Estaré a su lado cuando me necesite? Loado seas, mi Señor, por la Hermana Madre Tierra. Y por el presente.

Son las 23.10.

A mi izquierda, la fuente de azulejos celestes, con la imagen blanca de la Virgen, rodeada de plantas perennemente verdes, y con sus manos continuamente abiertas, convocando, invitando, ayudando, orientando. ¿Es nada todo lo que hice? ¿Aún necesito algo? ¿Vivo o muero lentamente? ¿Mamá, seguís aquí? Loado seas, mi Señor, por la Hermana Muerte. Y por la vida.

Abro los ojos. Estoy recostada en mi cama. Tengo 55 años. A toda hora, estoy en el universo mágico del jardín de mi escuela.

Laura Pelaez Ruiz

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